Número 103, Año 19
REIVINDIQUEMOS LA POLÍTICA
REIVINDIQUEMOS LA POLÍTICA
Hoy la sociedad mexicana se encuentra en un debate de fondo, sobre si debe participar o no, en el actual proceso electoral, respecto al votar o no votar, votar en blanco, anular el voto o simplemente abstenerse de acudir a las urnas, a partir de la descomposición y de la desnaturalización de la política, de la forma de hacer política, de los actores políticos y finalmente de los resultados que constata del ejercicio político, tanto del Estado, como de las instituciones responsables de asumir, orientar e implementar la legislación sobre los procesos electorales, dadas las experiencias tenidas en el pasado, cuyas consecuencias son simplemente el no creer más en dicho proceso, ni en la validez del voto.
Pero sobre todo, debemos remarcar el deterioro de los partidos políticos que han caído en un pragmatismo amoral y oportunista por la lucha del poder, por el poder mismo y por consecuencia, la generalización del canibalismo político que no respeta las reglas del juego.
Hoy en día predominan los procesos electorales con prácticas, estilos y contenidos, donde la calumnia, la difamación, la mentira, el engaño, la descalificación y la demagogia, muestran la incapacidad para el debate de altura y el respeto a los demás.
Es común la generalización de la corrupción, de la especulación, de la mentira utilizada deliberadamente como arma política para acumular poder, que permite la prepotencia política y socioeconómica, con una impunidad patente, que violenta el estado de Derecho y en que los propios jueces y tribunales que tienen la responsabilidad de cumplir y hacer cumplir la ley, son los actores fundamentales para violentarla y degradarla.
Ciertamente son hechos que constatamos, que lastiman la dignidad humana, que llevan a la frustración y a la convicción de que lo mejor es la indiferencia, la no participación o esas actitudes y campañas sospechosas que llaman al voto en blanco o voto nulo.
Frente a la grave crisis política, con todo este ambiente que se ha creado en torno al próximo proceso electoral, la famosa caída del “muro financiero”, donde se puso en jaque el modelo financiero, las políticas del consenso de Washington, de los organismos financieros internacionales (FMI, BM, OMC, BID, etc.), que trajo graves consecuencias a la economía nacional con cierre de empresas, paros técnicos, endeudamiento, que agrava el futuro del país, la pérdida de diversos derechos de los trabajadores y del pueblo, en fin una crisis que ha impactado severamente a nuestro pueblo
Y aunado a esto, la crisis producto de la forma como se planteó la epidemia del virus AH1N1, donde inicialmente se ocultó la información y por consecuencia se retardaron las medidas para enfrentarla y que puso en evidencia la realidad de nuestro sistema de salud: sus fallas, carencias, el retraso en cuanto a inversión en ciencia y tecnología, en fin, que desnudó nuestro sistema de salud y cuyas consecuencias gravitaron aun más en la economía del país, nos planteamos qué clase de actores hemos sido en este tipo de crisis que impacta al mundo del trabajo en especial, a sus trabajadores y organizaciones, pero que igualmente impacta nuestro sistema, nuestras instituciones y nuestro futuro.
Hoy debemos asumir nuestra responsabilidad frente a la problemática del país precisamente a partir de nuestra participación en todo el quehacer de la sociedad política, no únicamente en el proceso electoral, que es sólo un momento del quehacer político, pero necesario y clave en la democratización de nuestro país y de nuestras instituciones.
Asumir nuestro derecho a votar y ser votados, asumir nuestra responsabilidad como actores protagonistas en los cambios que exige la sociedad, las instituciones y el propio Estado, refundar la política, los partidos políticos y sus instituciones, sólo lo lograremos en la medida en que asumamos nuestro derecho y deber de participar activa y responsablemente en este quehacer político.
La abstención, el voto nulo o en blanco, sólo sirve para mantener el estatus y el sistema que hoy humilla y denigra la dignidad humana y la dimensión de la política que es la ciencia, el arte y la virtud de trabajar por el bien de los demás. Volvemos a insistir que la democracia se construye con más y mejor democracia.


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